Legionela: Prevención y desinfección en instalaciones

La Legionela o enfermedad del legionario, como se vino a llamar en los años 70 del siglo pasado cuando surgió, es una bacteria que se encuentra en medios acuáticos y se desarrolla a determinada temperatura y condiciones de acidez o alcalinidad. Los síntomas más habituales son neumonía infecciosa, llegando a agravarse hasta la muerte por insuficiencia respiratoria en los casos más extremos. Con el fin de reducir los riesgos y prevenir su presencia, es importante tomar medidas adecuadas para la eliminación de focos de riesgo, así como la desinfección en caso de localizarlos en alguna instalación.


Dónde se pueden localizar focos de Legionela

Esta bacteria se encuentra en su forma natural en masas de agua. Desde allí puede pasar a la red de abastecimiento y distribución doméstica, colonizar torres de refrigeración de instalaciones industriales y zonas en las que haya agua a una temperatura de entre 20 y 50 grados. Si el agua llega de algún modo al ambiente, normalmente en forma de gotas diminutas, se puede inhalar la bacteria y producir la enfermedad. La Legionela no es contagiosa de uno a otro individuo, por lo que no existe riesgo de que se extienda por vía humana.

Los lugares sensibles a la aparición de Legionela son disipadores y condensadores de aire acondicionado, centros de spa, fuentes y humidificadores de hospitales, hoteles, etc. Cuando estas instalaciones está sucias o mal mantenidas, el agua se estanca y las bacterias proliferan.

Uno de los últimos lugares en los que se ha podido encontrar un riesgo son las terrazas y calles comerciales con microclima, en las que se instalan sistemas de pulverización de agua para aliviar el calor del verano de los transeúntes y clientes. Los pulverizadores se acoplan a depósitos de agua y aparatos de climatización, que son fuentes de riesgo potencial.

A menor escala, aunque también dentro de las posibilidades, puede aparecer en duchas y salas de baño, especialmente en instalaciones colectivas.

Prevención de la Legionela en instalaciones

Corresponde a los responsables de cada instalación realizar o encargar a expertos la prevención y el tratamiento adecuado de las aguas. Las autoridades inspeccionan de forma regular cada una de estas para comprobar que se realiza una limpieza adecuada, así como analizar la calidad y el estado del agua para asegurarse de que no hay ningún foco de la bacteria.

En aquellas instalaciones en las que la temperatura del agua se mantiene en niveles de riesgo, es importante aplicar tratamientos con el fin de neutralizar el ph y dejarlo en un nivel en el que de aparecer la bacteria, esta no pueda avanzar en su desarrollo.

Otro de los trabajos preventivos más habituales consiste en realizar un vaciado regular de los pozos y lugares en los que puede estancarse el agua. Tras una revisión profunda para descartar cualquier peligro, se vuelve a poner en funcionamiento la instalación.

Además de las campañas anuales, la administración exige que haya revisiones mensuales aunque no se utilicen los equipos. Y previamente a la puesta en marcha de estos, un experto deberá realizar una desinfección previa con el fin de que no haya problemas.

Desinfección de instalaciones tras un brote

Cuando surge algún brote de Legionela, lo primordial es identificar el foco de este y conocer hasta dónde se ha extendido. Lo habitual es revisar los sistemas de ventilación y acondicionamiento de aire, ya que sobre todo en verano son los sitios en los que suele ser habitual que se concentren.

Después de la localización, control y eliminación completa de la bacteria, se procede a una revisión exhaustiva de nuevo. Si se comprueba que no quedan restos de ella, se realiza una desinfección preventiva con el fin de garantizar que no habrá nuevos brotes.

Factores de riesgo que agravan la infección por Legionela

Algunos individuos no se muestran afectados por Legionela aunque hayan sido infectados. Para que esta produzca los síntomas, debe ser virulenta y tener un volumen de unidades suficiente como para llegar a los pulmones. En ese caso, la bacteria es capaz de protegerse frente a las defensas naturales parasitándolas.

Existen grupos de riesgo entre la población. El perfil más susceptible a padecer legionelosis es un varón de más de 50 años, fumador, bebedor habitual o con el sistema inmunológico afectado, bien por causas farmacológicas o estar sometido inmunodepresores por un trasplante o una diálisis. También hay que tener especial cuidado en el caso de padecer enfermedades respiratorias.

Importancia de contar con profesionales en la prevención y desinfección de instalaciones

Cuando aparece un brote de Legionela, el control es sumamente complicado. Por ello es importante que las labores preventivas anteriores, y la de desinfección posterior, se dejen a cargo de profesionales experimentados y convenientemente formados para estas tareas. De lo contrario, es posible que el foco no se haya eliminado de forma adecuada y que la bacteria vuelva aún con mayor virulencia, creando un problema todavía más grave.

En lugares como hospitales esta labor adquiere aún más importancia. Ya que en quirófanos y habitaciones muchos pacientes tienen sus defensas mermadas, en caso de infección las consecuencias pueden llegar a ser letales, como hemos mencionado antes.

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